martes, 2 de enero de 2007

Ante la muerte del dictador y un nuevo año que comienza

La figura de Pinochet, provoca la conciencia digna de miles de estudiantes, trabajadores y pobladores que vemos en las actuales condiciones políticas, económicas y socioculturales la obra que dejo en pie la dictadura.

Su muerte nos debe invitar a echar abajo su institucionalidad.

La izquierda chilena y todos aquellos que aspiramos a vivir en un país donde las injusticias no estén institucionalizadas, debemos levantar las legitimas demandas del pueblo que hoy se dejan sentir de forma aisladas y muchas veces silenciosas para transformarlas en un potente foco de agitación social y romper de una vez por todas ese paradigma de Chile “copia feliz del Edén” de comienzo de esta “democracia”.

El 2006 nos deja una gran lección: el pueblo perdió el miedo y salio a la calle. Estudiantes en todo Chile se hicieron escuchar, mención especial merecen nuestros compañeros secundarios que golpearon en los pilares de la educación chilena.

Trabajadores de diversos sectores de la economía, exigieron mejores condiciones comprendiendo en sus luchas que son ellos los que generan las riquezas.

Pobladores organizados por mejorar las estructuras de sus viviendas, las condiciones de pago o luchando por obtenerlas, desplegaron extremas condiciones de protestas para hacerse escuchar ante un Estado que solo oye a los patrones del hemisferio Norte.

El pueblo, la ciudadanía, la gente o como le llamemos a esa inmenso Poder que se crea al juntarse un ser humano con otro y así junto a otros tantos mirar de frente al gigante egoísta que lo quiere todo para él, asustándose y al no tener la razón se le obliga a reprimir por la fuerza a ese nuevo sujeto social que esta en pleno proceso de gestación.

En este proceso de reconstrucción del tejido social se moldea un cuerpo heterogéneo, que no responde a una cúpula política ni a un caudillo, orienta su acción según la decisión mayoritaria de la asamblea o al acuerdo tomado en la base, con autogestión y creatividad activa se empoderan permanentemente, marcando en algunos casos la agenda noticiosa de los días.

Un sujeto social que nos ayuda a mirar el futuro con dignidad y abrir con fuerza las grandes alamedas de la historia.

Lo que venga el 2007, dejémoselo a los tarotistas. Nosotros aprovechemos la experiencia ganada con este año de lucha, y entre calle y toma, asamblea y panfleto, rayado y propuesta, para levantar nuestra voz, superando los errores y fortaleciendo nuestras múltiples potencialidades. Salud y feliz año nuevo.