domingo, 18 de febrero de 2007

El verano no solo nos trae calor y una que otra jornada de ocio, también nos trae una enorme publicidad como golpe adrenalínico de jóvenes bonitos y buena onda que te dice ven a estudiar con nosotros. Y pasa la educación rápidamente a ser un objeto de consumo y no un objeto de derecho. Y hay para todos los gustos, o más bien dicho para todos los bolsillos.
Se inicia la carrera de los “sofistas modernos”, utilizando cuanto recurso tienen a su alcance y se lanzan al mercado en busca de nuevos consumidores, es el periodo de la oferta, en le que se debe cerrar el trato. Según el número de clientes que se obtengan y la condición económica de ellos, dependerá el futuro de la institución: podrán acceder o no a créditos, mejoraran su infraestructura, o elevar el nivel de sus docentes, o en “gastos reservados” etc.
Esta campaña publicitaria se hace como todas las demás, contratan jóvenes cuyos requisitos son simples: no ser pobres, ni feos ni mucho menos mapuche. Luego los hacen aparecer estudiando alegres, sin problemas y con la capacidad de alcanzar rápidamente el éxito, para dirigir mas tarde la recocida empresa que espera excitada sus servicios.
Ven a darte un gusto…. Estudia con nosotros. (Claro que la deuda pasa por debajo del gusto).
Por suerte tenemos autoridades universitarias que no son parte de este boom marketero y al contrario, en el techo de la “UV”, tienen un letrero Santa Isabel.